Descubriendo Sierra Espuña de la mano de sus gentes (Parte II)
Si ya en un post anterior os hacíamos un avance de Sierra Espuña a través de sus gentes, hoy queremos retomarlo para daros algunas otras pinceladas y conocer un poco mejor el Parque Regional de Sierra Espuña en Murcia donde, además de la naturaleza, una de sus grandes riquezas es la relación entre el ser humano y la sierra, que se remonta a la Edad del Bronce.

Así, nos vamos a adentrar por los caminos de solana, umbría y hielo porque, aunque a Sierra Espuña se la suele calificar como ‘la sierra del sol’, junto al valle de Leyva, y a más de 1.400 metros de altura, se extienden 28 construcciones que posibilitaron durante siglos la industria de la nieve. Estas 28 fábricas de hielo abastecían a toda la región, incluidas las ciudades de Murcia y Cartagena. Uno de los usos que se le daba a este hielo, y quizás el que más llame la atención, era su uso en hospitales, por lo que “estaba considerado un producto de primera necesidad como el pan” desvela Javier Ramírez, guía y educador ambiental. Con casi siete metros de profundidad, estas construcciones comenzaron a alimentarse de nieve a finales del siglo XVI, allá por 1580. Pero no sería hasta los siglos XVII y XVIII, cuando llegara su auge, aprovechando que las nevadas eran mucho más copiosas. “La técnica consistía en aplastar la nieve a medida que se iba incorporando. Los encargados eran denominados ‘amasadores’, y hacían turnos cada 10 o 15 minutos para evitar congelarse”, explica Javier mientras sujeta un antiguo utensilio para aplastar la nieve. “Mientras, afuera estaban los ‘braceadores’ o ‘arrimados’, que llenaban grandes capazos de esparto de nieve de los alrededores”, añade y recalca la importancia de descubrir estas actividades de antaño de la mano de guía local, “conociendo así las historias y anécdotas de los que viven y han vivido aquí y poniendo en valor esa transmisión oral con la gente del entorno que ha tenido relación con los pozos”.
Javier también nos comenta, cambiando de tema mientras camina por un sendero de Las Alquerías, que “podemos recorrer toda la sierra sin pisar un gramo de asfalto. Gracias a la repoblación del XIX, tenemos una red extensa de caminos comunicados entre sí”. Así a finales de ese siglo, Sierra Espuña se convirtió en un modelo de restauración hidrológico-forestal de la mano del ingeniero forestal Ricardo Codorníu. Pero no todo son senderos. También hay zonas de barrancos, zonas de umbría o zonas de cumbre, donde hay unas panorámicas excepcionales. Así, “dependiendo del lugar en el que nos encontremos, nos rodearán jaras y tomillo, además de un sinfín de hierbas aromáticas, como el rabogato, o la ajedrea en las zonas con más estrés hídrico, y olmos, zarzaparrillas, chopos y nogales en las zonas de umbría. En todas estas zonas “hay una gran cantidad de fauna que puede verse en un paseo nocturno, como garduñas, ginetas, comadrejas o gatos monteses”, señala Javier. Además, no hay que olvidar que Sierra Espuña es zona ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves), por lo que pueden verse búhos, halcones peregrinos, gavilanes y buitres leonados entre otras especies.

Junto a un bebedero bien surtido de comida, el biólogo de Photo Logistics Eugenio Martínez nos acomoda dentro de un hide de observación. “Un hide es un escondite en el que las aves no pueden vernos, de manera que conseguimos un acercamiento a las aves que sería imposible caminando por el monte o por el campo”, nos cuenta Eugenio. Hay diferentes hides repartidos por Sierra Espuña para poder ver toda la variedad de especies de la sierra, entre ellas al águila real, la reina de las aves. Para realizar este tipo de experiencias, recuerda Eugenio, “es imprescindible estar acompañado de un guía, lo que además nos dará cierta seguridad de conseguir nuestro objetivo, que normalmente es la fotografía de aves. Y, además de conocer la biología y la ecología de estos animales, conocen el territorio, y se encargan de realizar todo el trabajo previo, como el mantenimiento de los hides o el cuidado de los comederos y bebederos”.
Un lugar en el que relajarte

A escasos minutos de ese hide de observación, a las afueras de la población de El Berro, Andrés García nos abre las puertas del Hotel Bajo el Cejo. Situado en el fondo de un barranco, los alrededores del alojamiento nos muestran la zona de montaña con el bosque de pino carrasco, que se alternan con los cultivos tradicionales y de frutales que han alimentado durante años a El Berro.
El hotel está adherido a la Carta Europea del Turismo Sostenible desde el año 2014 y, según reivindica Andrés, proteger el espacio en el que nos encontramos es una de nuestras prioridades, pero no es suficiente. Debemos tener un compromiso real con nuestros vecinos y con la sociedad con la que convivimos. Por eso, desde Bajo el Cejo facilitamos a nuestros huéspedes la opción de realizar experiencias de artesanía, senderismo, observación de aves y fotografía”.
Por su parte, Estefanía Fuentes, guía en terapia forestal y profesora de yoga, nos invita a conectar con el ritmo lento que lleva la naturaleza y reconectar mientras paseamos por un bosque a los pies de la Sierra. A lo largo del recorrido, Estefanía hace varias invitaciones, como meditación, paseos en silencio, o conectar con nuestro niño interior recogiendo elementos de la naturaleza para hacer obras de arte. Siempre guiados, la experiencia continúa con una sencilla clase de yoga de unos 30 minutos de duración, en la que no hay que tener un nivel previo, según asegura Estefanía. “Al final lo que queremos es realizar algún tipo de actividad en la naturaleza; porque los guías abrimos las puertas, pero el terapeuta es el bosque”.

Y aquí finaliza nuestro recorrido por un destino que huele a jara y tomillo, lleno de flora, fauna e historia. En Sierra Espuña podemos ser cesteros, botánicos, panaderos, pastores, arqueólogos o fotógrafos de aves rapaces por un día, mientras descubrimos zonas desérticas, bosques y el patrimonio de las seis poblaciones que lo componen.
¿Te animas a descubrirlo? Seguro que será una experiencia inolvidable.